Saturday, July 15, 2006

CIUDAD

- Recuerdo la primera vez que me sacaron de mi place, es un sentimiento difícil de explicar, el tiempo es paralizado en instantes cautivos, sofocados y estos comienzan a virar a represivos, pues se han tornado contradictorios. Es como si yo fuera una planta arrancada por unos niños juguetones que con cierta frivolidad, ingenuidad y desfachatez para cosechar el producto naciente de un fruto que nunca existió, que quizá nunca pudiera ser saboreado, o que quizá como aquel rebaño que se perdió por mucho tiempo y fue encontrado muerto en un punto exacto para hacer barbacoa. Inmóvil, inerte, apacible, exánime, pero vital, vivo dentro de un producto, en el ocaso de la creación divina. Sabes, es una sensación difícil de explicar, volver a sentir el calor de la luz solar, es aterrador, pues desde las entrañas de nuestra madre todo es diferente, el frío no se siente, el sonido es inaudible, los pasos de la superficie vibran como un eco en cueva de tierras oscuras, pudiera ser esta la única sensación que movía mi ser al saltar como un grano de elote asado, sin olvidar claro, ese extraño olor putrefacto y a la vez húmedo, a madera carcomida, a tierra mojada, a llantos secos que se tornó en el vehículo de mi costumbre al ser digerido por extraños seres que poseía dentro de mi ser y de un momento a otro se multiplicaron hasta dejarme como un cascarón, hueco.
Desde este lugar, las cosas son muy diferentes sabes, donde tu estás, alguna vez estuve yo, donde yo estoy, tu jamás estarás, pues es el tiempo quien dicta a final de cuentas el progreso último del final de tus días, el mío fue contradictorio, pues mi tiempo corrió de adelante hacia atrás, el cubículo magnificente de mis amaneceres donde me postraba, quedó adelante y las noches de martirio, dolor y sufrimiento quedaron atrás, muy atrás, y más aún si consideramos la estructuración del tiempo como una faceta perpendicular a los sentidos que damos por simple razonamiento traspolado al paralelismo del génesis temático del tiempo en si mismo, los placeres banales a los que generalmente otorgamos dicha relación estructurada carecerían de sentido alguno pues la percepción desde este lugar es muy diferente a la que tu posees, quizá si estuvieras en mi lugar, verías las cosas como yo las veo, más sin embargo como te comenté al principio en mi place, los instantes cautivos se tornan contradictorios, pero esto, esto es diferente.

- Podrías guardar silencio por favor, creo que escucho unos pasos…

- Presten su atención, son estos dos enamorados que murieron calcinados en el gran incendio de 1874, sus cuerpos fueron encontrados tal como los ven. Él, Arquitecto de profesión, dedicó gran parte de su vida a planificar lo que sería la estructura actual del Teatro Juárez. Ella, su esposa, Amanda Peña, hija del entonces gobernador de nuestro hermoso estado de Guanajuato, sufrió gran parte de su vida pues al parecer no se entendían, digo, no hay que ser un genio para saberlo, tan solo vean su postura, sus gestos, esos ademanes frívolos e indiferentes. Bueno con esta pareja terminamos el recorrido, espero que lo hayan disfrutado, por favor sírvanse de cooperar conmigo económicamente, con lo que deseen, pues el ser guía de un Museo tan “mal pagado” como este, es verdaderamente frustrante. Muchas gracias…

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