El Caballo
-Eran las cuatro de la mañana, me despertó el golpeteo que no cesaba en la puerta de mi habitación. Entre despierto y dormido abrí la puerta y oh sorpresa, me encuentro a un borrego tipo zebra, caballo, con orejas de elefante, un especimen bastante raro en realidad, lo invité a pasar, he de reconocer que las mañanas son frias en el noreste de Kentucky y más cuando un hombre de apellido Radford quiere cobrarte tres mensualidades atrasadas pues has tomado como puerta de arrendamiento una habitación del apestoso a cigarro MOtel 6.Bueno, el punto es que invite a este sujeto a pasar y le ofrecí un café, era bastante raro verlo apoyar sus dos patas sobre el sillón de mi habitación y como con sus manos de orangután afligido tomaba la taza de café caliente que me había dignado a preparar desde antes de acostarme, tengo la sabia costumbre de sanar mis penas con un buen café, no es menos pesimista que la degustación de unas páginas del diario matutino o menos mortal que veinte cigarrillos cancerígenos.
Continuando con mi extraño invitado, reposé mi espalda sobre el sofá mientras sostenía la taza de café, me encontraba en boxers y con mi camisa arrugada blanca de la oficina, por más que intento recordarlo, no puedo hacer memoria de nuestras largas conversaciones, puedo asegurar esto pues termine practicamente con mi despensa de café para todo el mes y yo no soy de esas personas adictas al café que suelen pasar día y noche esperando que amanezca para tomar un café caliente. Ah, ahora recuerdo, hablamos del clima tan frio que había en Louisville y de como un estúpido conductor intento dispararle desde lejos, desde adentro de su alma.
Era un animal bastante peculiar, aún ignoro como es que pude comunicarme con él. Lo cierto es que dentro de las vacías conversaciones que puedes entablar con un caballo también se encuentran la ruptura de las soledades, esas son importantes de romper pues nadie nunca ha ocupado esos lugares, es como la sala maestra de un cine olvidado en algún pueblo mexicano.
Agradable animal el que me había venido a visitar, salió de mi habitación sin despedirse, pero también entro, se acomodó y tomó de mi café sin invitarsele..
- ¿Y luego, que paso?
- Nada, simplemente desperté en medio de un vacío socorrido tiempo atrás, era como estar muerto otra vez...
-¿Y el caballo?
- No era un caballo, era como un borrego, una zebra con orejas de elefante, parecía caballo.. pero en realidad no sé que era, a veces uno prefiere no entender nada para tratar de comprenderlo todo, el silencio dice nada y ya... y pues el caballo es una historia tonta que inventé para venirte a matar.

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